Hoy se celebra el Día Mundial de la Meteorología con el lema “Del conocimiento del climático a la acción por el clima”.

Desde mediados del siglo XX, las predicciones meteorológicas han formado parte de la vida diaria. Antes de ir al trabajo o al colegio, las personas consultan el tiempo para saber qué vestir y cómo protegerse. Las predicciones meteorológicas permiten a los agricultores, trabajadores programar sus prioridades de trabajo diarias y semanales. Esas predicciones son cada vez más fiables: actualmente, la predicción meteorológica a cinco días es tan fiable como la predicción meteorológica a dos días de hace 25 años, gracias a los adelantos en la ciencia meteorológica y climática y a la capacidad informática.

Los investigadores están utilizando mejores observaciones y una mayor capacidad informática para estudiar y predecir ciclos naturales y pautas más amplias en el sistema climático. Como resultado de ello, pueden suministrar predicciones climáticas estacionales cada vez más útiles. Por ejemplo, pueden evaluar la probabilidad de que la próxima estación sea más cálida o más húmeda de lo habitual. Las predicciones meteorológicas y climáticas para el mes siguiente, el próximo monzón o estación de crecimiento o el próximo episodio de El Niño/Oscilación del Sur serán cada vez más fiables y útiles en los años venideros.

Los súper ordenadores son cada vez más rápidos a la hora de calcular miles de ecuaciones mejorando las predicciones del clima.

Los súper ordenadores son cada vez más rápidos a la hora de calcular miles de ecuaciones mejorando las predicciones del clima.

Además del mayor conocimiento que se tiene sobre la variabilidad natural del clima, los científicos han realizado progresos considerables para entender cómo las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropógeno están alterando el clima. Con base en la ciencia climática y unos escenarios de concentraciones de gases de efecto invernadero, pueden realizar proyecciones sobre cómo cambiará el clima así como evaluar las vulnerabilidades y probables impactos en determinadas regiones. Este conocimiento es invalorable para la planificación a más largo plazo.

Por otra parte,  los adelantos científicos progresan cada año al tiempo que se avanza también hacia formas de ayudar a las instancias decisorias a comprender y aplicar el conocimiento climático. Ello permite a los proveedores de la información meteorológica y climática producir y proporcionar información adaptada para una amplia gama de usuarios. Los proveedores están creando asociaciones con las instancias decisorias y comunidades con la finalidad de elaborar y facilitar informes, gráficos y demás productos de información que estos usuarios pueden entender y utilizar como base para adoptar medidas. Cada usuario tiene diferentes necesidades para determinados tipos de conocimiento climático y el idioma, la frecuencia y el formato en que se suministra.

Por ejemplo, tal vez las autoridades de la salud pública deseen utilizar las predicciones sobre cómo evolucionarán la intensidad y frecuencia de las sequías, olas de calor y crecidas en los próximos meses y años, a fin de garantizar la disponibilidad de servicios médicos y suministros cuando y donde sea necesario. Asimismo, el hecho de que la precipitación inferior a la media aumente el riesgo de problemas de nutrición y respiratorios y que la precipitación superior a la media sea la causante de los brotes de enfermedades transmitidas por vectores, como el paludismo, o de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera, podría ser otro motivo de preocupación.

Las prolongadas sequías podrían ser un problema cada vez más frecuente. Conocer si se van a producir con bastante antelación es esenciales para millones de agricucltores.

Las prolongadas sequías podrían ser un problema cada vez más frecuente. Conocer si se van a producir con bastante antelación es esenciales para millones de agricultores.

La información meteorológica y climática puede integrarse en mapas en los que se señalen las densidades demográficas así como la ubicación de hospitales y sistemas de transporte, a fin de apoyar la introducción oportuna de vacunas antes de un brote epidémico. A más largo plazo, la información anticipada sobre la intensidad y frecuencia de sequías, olas de calor y crecidas podrá aplicarse para mejorar la planificación de los servicios médicos y de emergencia.

Hasta hace poco, la interacción entre el sector de la salud y la comunidad climática era escasa. Eso ya está cambiando. La Organización Meteorológica Mundial y la Organización Mundial de la Salud están colaborando para colmar esa laguna y para garantizar que la información climática se incorpore a la plani- ficación sanitaria a nivel internacional y nacional. Los talleres de formación profesional que se llevan a cabo en países como la República Unida de Tanzanía y Malawi permiten ayudar a los profesionales de la salud a interpretar y aplicar los datos meteorológicos para mejorar la salud pública.

El conocimiento climático beneficia también a muchos otros sectores sensibles al clima. Los agricultores aplican la información y las predicciones sobre la evolución de las temperaturas y el comienzo de las lluvias para decidir con suficiente anticipación qué cultivos plantar y cuándo irrigar o cosechar. Para las instancias normativas agrícolas, una previsión de los monzones así como la información relativa a anteriores decisiones sobre cultivos y las tendencias del mercado pueden apoyar las decisiones relativas a la seguridad alimentaria. Mientras tanto, los encargados de la gestión de los recursos hídricos analizan, entre otras cosas, la información climática, a fin de realizar estimaciones sobre la disponibilidad de abastecimiento de agua y la necesidad de infraestructura nueva.

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Los informes meteorológicos tradicionales proporcionan información táctica valiosa, pero el conocimiento sobre el clima puede aplicarse para orientar estrategias y planes a largo plazo a fin de aumentar la resiliencia al clima, reducir los riesgos de desastre y gestionar sectores de importancia vital, como la agricultura, la salud, el transporte, la energía, los recursos hídricos y demás sistemas vitales. Esta revolución en materia de conocimiento climático está en sus pinitos. En cinco a diez años, las personas se habrán familiarizado con la aplicación de predicciones climáti- cas, como lo han hecho ya con las predicciones meteorológicas.

Imagina que es 2025 y que eres un planificador urbano encargado de asegurar que tu comunidad es resistente a condiciones climáticas cambiantes. Debes formular planes para las normas de construcción, la gestión de los recursos hídricos, las aguas residuales, el tráfico y la preparación ante emergencias, que permanecerán efec- tivos en los próximos decenios. Afortunadamente, ahora puedes consultar información y predicciones científicas de calidad y fiables, adaptadas a tu región, sobre cómo las variaciones estacionales e incluso plurianuales en el clima pueden afectar a las medias y los valores extremos en la temperatura, la precipitación y el viento. Puedes completar esta información climática con mapas y datos demográficos, económicos, sobre el cambio de uso de la tierra, topográficos, infraestructura médica, hidrológicos y otros, a fin de orientar las medidas concretas que deberás adoptar.

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Además, tal vez desearás analizar escenarios del cambio climático a fin de evaluar los posibles riesgos y vulnerabilidades en los decenios venideros. Al integrar proyecciones climáticas a largo plazo directamente en las evaluaciones del impacto puedes estimar el riesgo de interrupciones en el suministro de energía eléctrica que provocarán las tormentas futuras (por ejemplo, al combinar datos sobre las condiciones climáticas con la información sobre las pautas del consumo de energía), o evaluar de qué manera una tendencia a largo plazo hacia una mayor incidencia de sequías o crecidas afectará a las necesidades de recursos energéticos y de infraestructura. Podrás también aplicar este conocimiento para adoptar medidas sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, por ejemplo, mediante la racionalización del consumo de energía a través de la perfecta sincronización de la producción de energías renovables y la asignación de recursos, en particular para el sector de la agricultura, la construcción y el transporte.

Las instancias decisorias, fortalecidas con conocimientos meteorológicos y climáticos, confiarán más en su capacidad para adoptar medidas eficaces sobre el clima. Además, podrán contribuir a reducir los riesgos de desastre que provoca la variabilidad del clima mediante evaluaciones integradas de las vulnerabilidades, posibles impactos y sistemas de alerta temprana. Asimismo, estarán en condiciones de predecir y responder más eficazmente a las fluctuaciones del clima que afectan a la seguridad alimen- taria, la salud pública, los recursos hídricos y otros sectores sensibles al clima. Las instancias decisorias aplicarán también escenarios del cambio climático basados en modelos cada vez más fiables y de alta resolución para aumentar la resiliencia al clima, hacer frente a vulnerabilidades específicas que atañen a mujeres y niños y adoptar decisiones en materia de cambio de uso de la tierra, ordenación de las zonas costeras y caminos y demás infraestructuras. Las ventajas de una respuesta fundada a la variabilidad del clima y el cambio climático son enormes: el número de vidas salvadas, la protección de los medios de subsistencia, la seguridad de la propiedad, la minimización de efectos adversos y la maximización de las oportunidades.

Actualmente, poseemos más conocimientos meteorológicos y climáticos que en el pasado. La ignorancia de estos conocimientos no es más una excusa para no adoptar medidas que permitan minimizar los riesgos climáticos. Una acción eficaz por el clima puede garantizar el bienestar humano hoy y a lo largo del todo el siglo XXI.