El hielo se mueve, fluye entre canales, se arrastra y se deforma. Lo vemos claramente en los glaciares que se convierten en icebergs o en los río helados que terminan desembocando en el océano. Ahora por primera vez podemos ver exactamente cómo se mueven las masas de hielo a través del Continente Antártico. Este nuevo conocimiento puede ayudar a los científicos a entender cómo el hielo está cambiando y cómo puede evolucionar si nuestro clima se sigue calentado en el futuro. Esto permitirá a la ciencia predecir cuánto llegará a subir el nivel del mar debido al deshielo de las próximas décadas.

Cientos de medidas tomadas por instrumentos de satélites de Canadá, Japón y la Agencia Espacial Europea entre 1996 y 2009, nos ofrecen esta nueva visión del movimiento de las masas de hielo en la Antártida. Eric Rignot, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA y los científicos de la Universidad de California, Irvine, Jeremie Mouginot y Bernd Scheuchl, conformaron el equipo de científicos que juntaron estos millones de datos recogidos para analizar cuánto se mueven las masas de hielo al año. En este vídeo que nos ofrece la NASA pueden ver claramente este movimiento.

El resultado final revela que hay áreas en las que el hielo se mueve a una velocidad de unos pocos kilómetros al año (se muestran en un rojo y púrpura) y otras áreas en las que el movimiento es de unos centímetros al año (se muestran en rosa). El equipo encontró formaciones que se mueven hasta 244 metros al año a través de las inmensas llanuras del este, inclinadas hacia el Océano Antártico. Este comportamiento no se corresponde con  los modelos anteriores de migración de hielo.

Se observa que el movimiento más lento del hielo es a lo largo de la separación de las cuencas glaciares, que se ven en negro. Estas cuencas están separadas por las montañas que dan forma al flujo del hielo.

Los glaciares y capas de hielo que más se mueven son las que están a lo largo de los bordes de hielo, en la costa, y de estos, los de Pine Island y Thwaites son los que más activos.
La sorpresa es, que lejos de la costa es donde se ha observado un flujo de hielo más rápido, en los afluentes de hielo que alimentan los glaciares. La capa de hielo alrededor de los afluentes se mueve lentamente, comprimida por su propio peso, pero los afluentes anchos, mostrados en azul, se mueven más rápido que el hielo que está a su alrededor.

Según Rignot, “estamos viendo un flujo de hielo impresionante desde el interior del continente que jamás había sido descrito antes”.

Anteriormente se pensaba que las capas de hielo se movían en gran medida por su propio peso. Este estudio ha mostrado que en los afluentes el hielo se desliza sobre el terreno en el que reposa. Este hallazgo sobre el movimiento de las capas de hielo y los afluentes, implica una relación entre el movimiento del hielo en la costa y el movimiento a lo largo de los afluentes hacia el interior.

Según Thomas Wagner, científico del programa de la criosfera de la NASA, “este nuevo descubrimiento es crítico para las predicciones en el incremento del nivel del mar”. “Esto significa que, si debido al calentamiento perdemos el hielo en las costas del océano, se abre el grifo para masivas cantidades de hielo del interior”.

Si perdemos el hielo de la costa Antártica, desaparecerá el efecto de contención que ejerce sobre las grandes masas de hielo continental que terminarían por derretirse en el océano. Una de las consecuencias directas será el aumento del nivel del mar, aparte de los efectos ecológicos y oceanográficos que pueden tener este enorme aporte de agua dulce.